
Cuando era pequeña tenía un perro que se llamaba gato y un gato al que llamaba perro. Mi madre decía que no hiciera caso a la gente cuando me decía que era rara poniendo nombres a los animales y, la verdad, es que se lo decía a ella misma porque era ella quien se había empeñado en poner mi vocabulario patas arriba. Nunca supe quién era el gato y quién era el perro. Bilingüe me llamaban en casa, idiota en el colegio. Lo cierto es que ahora sigo sin reconocer un gato y mucho menos diferenciar un gato de un perro, así como otras muchas cosas a las que mi madre decidía cambiar el nombre porque le hacía gracia. Le gustaba oírme decir frases enrevesadas que no tenían ningún sentido fuera de las cuatro paredes donde vivíamos los cuatro, mamá, perro, gato y yo. Sonreía cuando llegaba con las manos sucias diciendo que estaba volando en el cielo cuando me caí en un lago y todo se llenó de mar marrón a mi alrededor (ni parque, ni charco, ni barro…) A lo que ella contestaba; “eso es que te has convertido en barco, ve a la regadera, sécate y volverás a ser hada”. Creo que mi madre tuvo un trauma de infancia, no le contaban cuentos o algo así y convirtió mi vida en uno de ellos. O eso o su vida como escritora infantil era más que un trabajo para ella. Mis profesores se volvían locos con mis respuestas, algunos pensaron que era superdotada y otros que era subnormal, pero todos se empeñaban en ver a mi madre cada semana.
-Su niña no es normal…
-Que es diferente ya lo se, ¿es un pecado se diferente? Porque si lo es nos da igual, ni siquiera somos…
-¡Tranquilícese! Por favor, lo único que quiere el centro es saber si…
Mientras ellos discutían yo volaba entre los pájaros por el jardín, llenándome los zapatos de verdín, olía sus alas mientras las flores caminaban sobre nuestras cabezas, batiendo los pétalos hasta que llegaban a su nido…
[ http://asylumorange.deviantart.com/art/Cat-Dog-19424063 ]
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